Programas de liderazgo — las 4 claves del éxito

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By Pablo Esteves (originalmente publicado en la revista IDEAS)

 

Enviar a jóvenes profesionales a mercados emergentes no parece ser una forma demasiado convencional para desarrollar mejores líderes, pero muchas empresas están haciendo precisamente eso.

En un mundo globalizado, los países del hemisferio sur se han convertido rápidamente en una tremenda fuente de crecimiento para las corporaciones del hemisferio norte. Los líderes de negocios con la visión y la capacidad de entender y operar en estos mercados pueden hacer la diferencia entre el crecimiento sano o el estancamiento para una empresa. Sin embargo, los mercados emergentes normalmente son difíciles de navegar para muchos ejecutivos que han hecho sus carreras en entornos más establecidos. Es por ello que los viajes de aprendizaje –como el próximo IE Alumni Trek– son críticos: las lecciones aprendidas en estos mercados pueden resultar fundamentales para identificar oportunidades de negocio y colaboración, así como nuevas ideas.

Desde hace tiempo, los viajes de aprendizaje al extranjero ha sido reconocidos como una de las mejores formas en la que los estudiantes pueden ampliar sus horizontes. Desafortunadamente en el mundo de los negocios, los viajes normalmente aíslan al viajero del entorno local. Hospedarse con una cadena internacional en Santon (Johannesburgo) o Miraflores (Lima) puede ser lo mismo que estar en Chicago o Houston: viajes estructurados desde el hotel a la oficina en un edificio moderno, con cenas y comidas programadas dentro de esta “burbuja” de comodidad. Mientras tanto, la realidad del entorno local nunca es vista, y la oportunidad se pierde.

Programas como los desarrollados por Emzingo –que permiten a las personas utilizar sus habilidades temporalmente dentro de organizaciones sociales– son una forma, cada vez más popular, en la que las empresas pueden entender el contexto local a través de los jóvenes profesionales. Los participantes de los programas de Emzingo, o programas similares como el IBM’s Corporate Service Corps, Intel Encore Fellowship Program o Dow’s Leadership in Action, vuelven de estas experiencias reportando una mejora en su habilidad para entender las necesidades del cliente, identificar nuevas oportunidades de negocio, el rol de la empresa en la sociedad, y la importancia de la perspectiva global.
Pero, ¿qué determina el éxito de estos programas? Nuestra experiencia nos dice que los programas exitosos son más difíciles de diseñar y ejecutar de lo que parecen.

1- Alinear el talento con las necesidades del proyecto

Aunque puede llegar a ser muy loable, no se trata de tener ejecutivos o MBAs pintando paredes en una escuela en Perú o Sudáfrica. El primer componente de estos programas es que su diseño vincule la experiencia y aprendizajes a la actividad principal de la empresa. Es vital que los participantes que utilicen —y desarrollen— sus habilidades profesionales y que sean capaces de observar y escuchar con mentalidad de negocio. Todo esto mientras aprenden algo nuevo acerca del contexto local. Asimismo, la organización con la que se colabore en el proyecto debe tener una misión que involucre mercados o consumidores cercanos a la empresa y trabajar en temas similares, como la tecnología, la salud, o la educación. Al asegurar esta alineación de la misión, los ejecutivos tienen mayor oportunidad de captar ideas que pueden informar sus propias decisiones profesionales en un futuro inmediato.

2- Establecer colaboraciones

En segundo lugar, empresas con programas globales pro-bono reportan consistentemente que las asociaciones y colaboraciones (tanto internas como externas a la empresa) son la clave para el éxito. Aunque la mayoría de los programas de desarrollo ejecutivo se encuentran en el departamento de recursos humanos, el añadir una experiencia pro-bono internacional ofrece la oportunidad de asociarnos con el equipo de la responsabilidad social corporativa de la empresa. Esto permite a los participantes a explorar el valor social de las empresas como un activo estratégico.

3- Aprender haciendo

Los profesionales también aprenden. Por eso el tercer elemento es el aprendizaje en acción, a través del cual los participantes utilizan sus conocimientos profesionales para resolver el reto de un emprendedor social o una ONG. Además, si los proyectos requieren trabajo en equipo y se diseñan en colaboración con la organizaciones o emprendedores sociales, podemos tener experiencias transformadoras y de mucho valor en periodos tan cortos como una semana.

4- Seguir involucrado

Finalmente, para que la experiencia sea realmente transformadora, no debería terminar una vez que el participante se baja del avión o presenta sus conclusiones. Los mejores programas proporcionan oportunidades para que los participantes reflexionen durante la experiencia, a su conclusión, e incluso varias semanas o meses después.

Conforme el entorno de negocios se hace más complejo a nivel mundial, aumenta la necesidad de tener líderes preparados. La introducción de un programa para el desarrollo del talento proporciona a los ejecutivos los conocimientos para adaptar su perspectiva a diversos retos con el fin de mejorar su rendimiento profesional, así como su propio bienestar.

Ninguna empresa, gobierno u ONG puede abordar eficazmente los desafíos globales en solitario: los grandes retos globales requieren colaboraciones entre sectores. Con una mayor comprensión de las realidades de los mercados emergentes, los ejecutivos están mejor preparados para crear iniciativas potentes y sostenibles que fortalezcan el negocio, y beneficien a la sociedad y el medio ambiente. O, en otras palabras: para construir un mundo mejor.

Este artículo fue publicado originalmente en la revista IDEAS por Pablo Esteves, Partner y Director de Servicios Corporativos en Emzingo.


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